VACACIONES: CON LA MALETA EN LA MANO - Ii

Antonio Machado, una vida de libro entre libros, nació un día como hoy

- por Getafe Diario: 26/07/2017 -
Antonio Machado, una vida de libro entre libros, nació un día como hoy
Antonio Machado, una vida de libro entre libros, nació un día como hoy

Nació en Sevilla un día como hoy de 1875. Murió en Colliure, Francia, envuelto en la bandera republicana, la tarde del 22 de febrero del último año de una guerra incivil. José, su hermano, encontró en un bolsillo de su gabán, días después, unos últimos versos: «Estos días azules y este sol de la infancia». No fueron su epitafio, pero sí un infinito recuerdo de su eterno desvelo por nuestra tierra y sus gentes sencillas

Antonio Machado, una vida de libro entre libros, nació un día como hoy

Antonio Machado, una vida de libro entre libros, nació un día como hoy

Antonio Cipriano José María Machado Ruiz, sí, nuestro insigne poeta, conocido con el nombre de Antonio Machado, nació en Sevilla, un día como hoy de 1875. Su progenitores fueron  Ana Ruiz Hernández y Antonio Machado Álvarez. Se cuenta que su madre, Doña Ana, andaba todo el santo día ajetreada con un cepillo de ropa en la mano intentando enmendar ese torpe aliño indumentario, al fin y a la postre, poético, que Antonio gastaba dada su empedernida afición al tabaco que manchaba de ceniza las solapas de su traje.

Un traje holgado de amplias miras como a nuestro insigne poeta le gustaba vestir, alejado de la moda del momento donde predominaba el corte ratonero, entallado, que delataba a los señoritos de provincias. Buena y provechosa holgura en su vestimenta pues Machado siempre fue de la costumbre de  usar bolsillos llenos de libros y papeles, lo más de ellos mostrando algún retazo de sus versos, tanto o más aficionado a ello que Don Miguel de Cervantes a los papeles de la calle.

De letra menuda, sus vericuetos caligráficos, a veces le resultaban indescifrables, aunque en el último paso hacia la imprenta de sus obras mostraba una perfecta caligrafía inglesa, a la par tan elegante como ajena.

Su gusto por los libros le acompañó hasta el último de sus días. En Madrid, la Biblioteca Nacional era lugar común que frecuentaba un día sí y otro también donde pasaba horas y horas enfrascado en la lectura. Su afición también estuvo en comprarlos y convivir con ellos hasta el punto que en su casa no sólo las estanterías estaban repletas de ellos, también las mesa, las sillas, en fin, cualquier rincón que pudiera albergarlos.

Era tal su impaciencia cuando leía que frecuentemente  abría los libros intonsos directamente con el canto de la mano. Los bordes de las hojas quedaban rasgados de manera irregular, y José Bergamín comentó que en alguna ocasión que lo había visto arrancar de las páginas trocitos de papel, que se metía después en la boca, de manera distraía, y masticaba. Muchos de sus libros terminaban pareciendo mariposas.

Camino del exilio dejó en la frontera francesa, en el maletero del coche que hasta allí lo condujo, los libros y papeles que pudo llevar. Franqueó la cadena divisoria de una y otra tierra, la cadena de la derrota, el 27 de enero de 1939, acompañados de Doña Ana y de su hermano José. Poco después llegaron a Colliure, donde serían inmortales al encontrarse con la muerte. Se alojaron en una pensión llamada Bougnol Quintana. Su dueña contó años más tarde no entender por qué primero bajaba un hermano a cenar, con la madre, mientras que el otro quedaba en la habitación hasta que el primero terminaba y subía. Era porque no tenían más que una americana para los dos, y no querían bajar sin ella.

Antonio Machado murió, o volvió a nacer, según se mire, envuelto en la bandera republicana, no llegando a estar en suelo galo ni un mes, en la tarde del 22 de febrero. Cruzó el tránsito hacia la transcendencia y allí sigue, para recuerdo de una vida ejemplar y de una España desconocida y trágica. José encontró en un bolsillo de su gabán, días después, unos últimos versos: «Estos días azules y este sol de la infancia». No fueron su epitafio, pero sí un infinito recuerdo de su eterno desvelo por nuestra tierra y sus gentes sencillas.